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Wednesday, May 13, 2009

El Presidente está enojado

La pregunta es: ¿puede un Presidente mostrar su enojo públicamente? ¿Es conveniente? ¿Es estratégico?

Porque de que está enojado no hay duda. En la inauguración de una Unidad de Medicina Familiar en Uruapan, Michoacán, en un discurso improvisado, dejó clara su molestia con los chinos, los argentinos y los haitianos. Sobre los chinos dijo que en 2003, cuando apareció el SARS, “la política pública que se usó fue más bien callar los casos y no decirle al mundo que había un problema, y eso creo que agravó las cosas”. Tiene razón, pero son los mismos chinos que días antes enviaron un cargamento de ayuda que el Presidente consideró conveniente y apropiado recibir en persona. Entre la desmañanada en el aeropuerto y la crítica en Uruapan lo que pasó fue que los chinos trataron a un grupo de mexicanos como hacen ellos siempre, es decir, sin el menor respeto por los derechos humanos.

De Haití dijo que es el país más pobre de América, donde la gente se está muriendo no del virus, sino de hambre, y que a pesar de eso rechazaron un barco con ayuda mexicana. Y lo explicó: “Yo creo que no es más que fruto de la desinformación o de la ignorancia”. Es cierto, ante el terror de que les llegue un virus sabiendo que no tienen sistema de salud optaron por una medida extrema e inútil. ¿Le toca al Presidente juzgarlos? ¿Decirlo públicamente? A los argentinos los criticó por cómo manejaron su problema con el dengue. Y sugirió que quizá si ellos hubieran adoptado las correctas medidas de medición y de prevención (¿cómo nosotros?) “pudieron haber aportado mucho a la humanidad”. ¿De verdad el Presidente considera que debemos ahora ponernos como ejemplo ante el mundo? ¿No es momento más bien de ver dónde fallamos para enmendarlo?

Por supuesto que México, como país, debe inconformarse enérgicamente a través de los canales que ofrecen las instituciones internacionales de cualquier acto discriminatorio o de medidas absurdas y costosas. Y si, por alguna razón, quiere ir más lejos, para eso está la Cancillería. Pero las declaraciones del Presidente no son diplomáticas ni reivindicativas ni estratégicas ni nada. Son muestras viscerales de enojo. Como las que muy a menudo le escuchamos a Hugo Chávez y que nos hacen sonreír por su chabacanería.

¿Quiere el Presidente capitalizar la crisis enrollándose en la bandera y explotando el sentimiento nacionalista? Puede ser, pero no lo creo; su molestia parece genuina, igual que su incapacidad para controlarla.

Denisse Maerker
Atando Cabos

Pobrecito, está enojado porque nadie lo pela por ser el salvador de la humanidad...
O igual y sigue enojado por su mínima aparición en Southpark.


Wednesday, September 26, 2007

Calderón está enojado

Mayté Reyes Retana
Milenio


Felipe Calderón está muy enojado con los ricos y poderosos del país. El pasado viernes, ante empresarios, políticos, científicos, artistas, miembros de la Iglesia y deportistas, que en julio aparecieron en la revista Líderes Mexicanos como los “300 líderes más influyentes” del país, el Presidente se lanzó contra quienes han construido fortunas “sobre la sangre y el dolor de la mitad de los mexicanos” que hoy viven en la miseria.

“Esta minoría selecta —insistió el Presidente— tiene una responsabilidad enorme con su generación y con nuestro tiempo. Ha habido otras que nunca se asumieron corresponsables de su tiempo y de alguna manera fueron partícipes de las crisis económicas de los años recientes que han mandado a más de la mitad de los mexicanos a la miseria”.

El discurso, que sorprendió a propios y a extraños, tiene sin embargo un origen claro, y es la reacción de los empresarios ante la propuesta de reforma fiscal del gobierno calderonista. La andanada de algunos de estos 300 contra la CETU tiene al Presidente, por decir lo menos, molesto.

Pero, y a pesar de que el discurso de Calderón lo sitúe como un Presidente comprometido con la justicia social, resulta evidente que esos 300 líderes a los que regañó son los mismos que lo apoyaron en la campaña y que más cerca se han situado del PAN, al menos ideológicamente. Las críticas de Calderón tienen, pues, más que ver con un coraje personal que con un posicionamiento político.

Por otro lado, y aunque suene muy políticamente incorrecto, no estoy de acuerdo con culpar a los empresarios de las carencias del gobierno. Dice Calderón que ellos fueron partícipes de las últimas crisis económicas, por ejemplo, pero la realidad es que la obligación de impulsar políticas públicas de generación de empleos es del gobierno, única y exclusivamente.

La política económica y los programas sociales o de infraestructura no pueden depender de la buena voluntad de los empresarios o de organizaciones civiles, que no tienen la obligación de hacerle la chamba al gobierno.

Es cierto que, desde siempre, se ha establecido una relación perversa entre el poder político y el económico. De no ser así, no se explicaría que México, un país con millones de pobres, cuente también con el hombre más rico del mundo. Sin embargo, y por más envidia que me dé la fortuna del señor Slim, soy muy consciente de que él no tiene ninguna obligación conmigo, puesto que no le pago impuestos a él.

Que el gobierno asuma sus responsabilidades, eso es todo.