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Wednesday, June 22, 2011

Nadie puede lavarse las manos: Calderón

México vive un momento decisivo y difícil (gracias a usted Felipe Calderon) en el que nadie puede lavarse las manos de las transformaciones que necesita el país, donde los ciudadanos requieren de gobernantes y legisladores responsables, por ello el Congreso debe aprobar las reformas pendientes en un periodo extraordinario de sesiones, afirmó el presidente Felipe Calderón.

Consideró que las reformas que hacen falta no se frenarán, sino se acelerarán porque está decidido a que hasta el último día, su gobierno sirva a la transformación del país y recordó su convocatoria al Poder Legislativo a sesionar al cuestionar por qué posponer cambios que cuentan con el consenso partidista y ya se avalaron en una de las cámaras.

En la clausura de la Reunión Nacional de Consejeros de BBVA-Bancomer, el mandatario federal dijo que un país mejor “se puede y se debe construir y no lo podemos dejar para después, ni podemos lavarnos la manos y esperar que sean otros lo que lo hagan, porque tanto tiempo ha perdido México en ello, que por eso hoy estamos pagando los costos que pagamos”.

En el acto, al que acudió el expresidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, Calderón dijo que “no hay razón para seguir retrasando la transformación de México, que se puede y se debe hacer más allá de consideraciones políticas de cualquier tipo. México necesita gobernantes responsables, legisladores responsables”.

Una vez más se refirió a las reformas laboral y política, a la ley de asociaciones público-privadas y la policía única, y agregó que el país próspero y seguro “es difícil de construir, sí, pero como las grandes cosas, implican un esfuerzo enorme, que yo sé que esta generación de mexicanos lo está haciendo y legará un futuro distinto y mejor”.

Dijo que ahora México “tiene rumbo, futuro y reclama el apoyo y la responsabilidad de todos, de sus ciudadanos y de sus representantes”.

México • Lorena López
Milenio




"Yo si tengo las manos limpias, me las lave con
la sangre de 40 mil muertos y los que faltan..."

Thursday, January 13, 2011

¡Basta de sangre!

Salvador García Soto
El Universal

Si la realidad es percepción y la percepción dice que los mexicanos se sienten inseguros y perciben una violencia fuera de control, y un Estado rebasado por la guerra que él mismo desató, entonces ésa es la realidad. Las expresiones de la sociedad no comparten el optimismo oficial que celebra que “ya capturamos a 51% de los criminales más buscados”; son muestras del rechazo al argumento de la violencia como “mal necesario” y como señal de que “avanzamos en la estrategia”; de que muchos no se resignan al miedo y la zozobra, ni a que la vida de civiles inocentes sean sólo “daños colaterales”.

El lunes, en Los Pinos reaccionaron con molestia ante la campaña “¡Basta de sangre!” lanzada por cartonistas e historietistas, y retomada de inmediato por otros grupos sociales. Lejos de escuchar el planteamiento de fondo de quienes piden que pare la violencia y se ponga freno a la espiral sanguinaria de muerte, crueldad y desprecio por la vida humana que se abate sobre México, la respuesta del gobierno de Calderón fue mandar a su vocero, el iracundo señor Poiré, a contestar con cifras y porcentajes que, por ciertos que sean, no impactan ya la percepción ciudadana.

Porque si de cifras se trata, al menos tres datos, dos internos y un externo, contradijeron el discurso oficial. Desde afuera, México fue visto y ubicado como uno de los seis países más violentos del mundo por el Barómetro de Conflictos 2010 de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, que por primera vez dio el grado 5 —en una escala del 1 al 5— al conflicto por el narcotráfico en territorio mexicano, al que catalogó como “guerra”. El instituto que realiza anualmente ese análisis mundial de conflictos comparó los niveles de violencia en México con los que viven países como Afganistán, Paquistán o Somalia.

Pero si desde afuera la percepción es negativa, adentro también hay indicadores recientes que documentan el cansancio y hartazgo ciudadano ante la violencia generada por la lucha contra el narcotráfico.

El INEGI reportó que el Índice de Percepción sobre la Seguridad Pública (IPSP) disminuyó en 2010 para ubicarse por debajo de los niveles del año 2009. Es decir, que los ciudadanos sienten que la inseguridad es peor que hace un año y creen que todavía empeorará más en el año que comienza.

Una investigación documental del sociólogo Fernando Escalante Gonzalbo, publicada en la revista Nexos, expone que entre 2008 y 2009 los homicidios en México tuvieron un crecimiento brutal “por encima de toda lógica social y de cualquier tendencia estadística previa”, y con base en el análisis de las actas de defunción registradas ante el INEGI en todo el país, logra probar que los lugares donde más se dispararon los asesinatos violentos y se disparó el índice de homicidios por cada 100 mil habitantes, fue precisamente en donde hubo presencia del Ejército o de los operativos federales de combate al narcotráfico.

Es decir que, del incremento de 5 mil 100 crímenes más que hubo de 2007 a 2008, y otros 5 mil 100 asesinatos más de 2008 a 2009, Escalante concluye, tras su cruce de documentos, estadísticas e información, que, si bien hay otros actores armados y una crisis del orden desde los municipios, el aumento de los homicidios y la violencia asociada a ellos no fue sólo por “las disputas entre narcotraficantes por los territorios”, que suele ser el argumento oficial más socorrido, sino que buena parte de la violencia también se genera por la forma en que el gobierno combate a la delincuencia con sus operativos centrados sólo en la fuerza.

La conclusión es que cada vez más mexicanos perciben una situación de violencia fuera de control. “¡Basta de sangre!”, resume el clamor de quienes no piden que cese el combate al crimen ni al narcotráfico, pero sí exigen modificar y ajustar la estrategia gubernamental que ha ensangrentado a buena parte del país para que, sin dejar de perseguir a los criminales con toda la fuerza del Estado, la prioridad del gobierno y del presidente Calderón no sea “acabar con la droga” —que, por lo demás, difícilmente se acabará—, sino proteger a los ciudadanos y dar a la población la tranquilidad y la seguridad que exige y a la que tiene derecho.