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Friday, August 12, 2011

Es una operación disfrazada de las agencias estadunidenses: partidos

Diputados de PRD y PT consideraron que la certificación de Estados Unidos a funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal constituye una abierta injerencia y violación a la soberanía de México. Mientras, el PRI sostuvo que esas acciones forman parte de los tratados suscritos por el gobierno federal.

No obstante, el diputado priísta Arturo Zamora aclaró que los acuerdos implican el intercambio de información y que en este caso no hay reciprocidad ni equilibrio, porque Washington no permitiría que México certificara a sus funcionarios.

En tanto, la dirigencia del tricolor criticó la intromisión estadunidense y, sobre todo, el hecho de que el gobierno federal pretenda minimizarla.

Humberto Moreira, presidente nacional del PRI, indicó que la injerencia de un gobierno extranjero en el país es un expediente abierto para el gobierno federal, y condenó los intentos de la administración calderonista de ocultar lo evidente, como sucedió con la Operación Rápido y Furioso.

Por otra parte, el presidente del PRD, Jesús Zambrano, sostuvo que el sometimiento de altos funcionarios mexicanos de seguridad y justicia a agentes y personal del gobierno de Estados Unidos es una evidente y clara violación a la soberanía nacional.

Es una verdadera afrenta, es vergonzoso que en el territorio nacional las autoridades mexicanas, algunas incluso militares, estén bajo el mando de personal del gobierno de Estados Unidos. Es absolutamente condenable que esto suceda y una afrenta para las instituciones encargadas de la seguridad pública y de seguridad nacional, aseveró el dirigente perredista.

El diputado Zamora agregó que la certificación a funcionarios de la SSP y la PGR no surge por mero interés de una de las partes; descansa en el tratado de Palermo, pero aclaró que en este caso la revisión es unilateral. Esto nos coloca en una situación de desventaja, porque se ignoran nuestros derechos y sólo se exigen obligaciones.

Agregó que dicho tratado establece la obligación de los estados de cumplir con el intercambio de tecnología e información para combatir el terrorismo, la trata de personas, la falsificación de papel moneda y el tráfico de genoma humano, entre otros, pero existe un límite: que por ningún motivo habrá injerencia de un país en otro.

Al respecto, el coordinador de los diputados del PT, Pedro Vázquez González, reprochó que el gobierno de Calderón haya admitido la incursión disfrazada de militares estadunidenses a territorio nacional, así como la ubicación de una base de agencias de inteligencia y antidrogas de Washington en México.

“No aceptamos ninguna certificación, la repudiamos y no le damos a Estados Unidos ninguna autoridad moral ni política para que califique a los funcionarios. Eso lo califica el pueblo de México y nada más.”

Rechazó que él, como coordinador del PT, haya sabido “de los acuerdos en lo oscurito de Calderón y Barack Obama, que nos dejan en una situación de vulnerabilidad porque desde Estados Unidos prácticamente nos están dando órdenes de seguir su método y su receta”.

A su vez, el diputado Mauricio Toledo, del PRD, consideró que no sólo el gobierno de Estados Unidos debe modificar su política de fiscalizar y criminalizar a otros países, sino que la administración de Calderón no tiene por qué ceder territorio nacional, autonomía y soberanía nacional por sus acuerdos con Obama.

Expuso que la tendencia del gobierno panista es “preservar un Estado policial, autoritario, que sigue los dictados del gobierno norteamericano (sic), aun cuando se viole la soberanía con claros ejemplos como la Operación Rápido y Furioso, la intervención de agentes y la certificación”.

La dirigencia del PRI lamentó que no exista la misma firmeza del gobierno federal para impedir prácticas que lesionan la soberanía que para negar acciones que con el tiempo terminan por conocerse. El vocero del tricolor, David Penchyna, recordó que el Congreso llamó a comparecer a la canciller Patricia Espinosa y al titular de Gobernación, Francisco Blake Mora, para que expliquen la subordinación de la estrategia de seguridad nacional al gobierno de Estados Unidos.

Zambrano señaló que las revelaciones sobre la participación de agentes de la CIA, la DEA, la FBI y el Departamento de Estado de Estados Unidos en el combate al crimen organizado en México hacen urgente la comparecencia de Blake y Espinosa, y aseguró que en conversación telefónica, el primero se mostró dispuesto a informar todo lo relacionado con el caso.

Enrique Méndez, Ciro Pérez y José Antonio Román
La Jornada



Thursday, August 11, 2011

Altos mandos de PGR y SSP, sometidos por agencias de EU

Funcionarios de alto nivel de áreas de seguridad y justicia del gobierno mexicano que trabajan como informantes para agencias del gobierno de Estados Unidos, revelaron que altos mandos de instituciones como la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal y la Procuraduría General de la República (PGR) tienen que acreditar exámenes de confianza a que los someten diversas agencias estadunidenses que operan en territorio nacional, antes de ser considerados interlocutores o servidores confiables.

La presencia de corporaciones de Estados Unidos en acciones contra el crimen organizado en territorio mexicano no son exclusivas de la agencia antidrogas (DEA, por sus siglas en inglés), sino de al menos ocho instituciones relacionadas con temas de justicia, seguridad nacional, migración, aduanas y tráfico de armas, entre otros, y cuando se trata de casos considerados de alto impacto, como la detención de un capo o un gran decomiso de drogas, químicos o armamento, las reuniones con las contrapartes locales se realizan en un edificio que se localiza en Paseo de la Reforma 225, en la colonia Juárez del Distrito Federal.

Los datos que brindan los agentes extranjeros se consideran claves. Aportan información detallada del objetivo y su ubicación. Además, como si se tratara de un acto de supervisión, participan en los operativos que realizan las corporaciones mexicanas, y cuando éstas no cuentan con el equipo adecuado, los estadunidenses lo donan y capacitan en su uso a los funcionarios nacionales.

Esto tiene un costo: los funcionarios locales que participan en las investigaciones, en el intercambio de información y que realizan labores de inteligencia, son sometidos a exámenes de confianza por parte de los estadunidenses; la evaluación incluye aplicaciones en el iris de los sustentantes, que se considera un sistema más barato, eficiente, confiable y rápido que el polígrafo tradicional.

Las pruebas alcanzan a informantes de las agencias estadunidenses y funcionarios como la procuradora Marisela Morales; el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna; el comisionado de la Policía Federal, Facundo Rosas Rosas; sus principales operadores, así como altos mandos militares que sirven de enlaces.

Por lo que hace a la PGR, se aplican estas pruebas a quien esté al frente de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y a los titulares de las unidades especializadas, como delitos contra la salud, secuestro, falsificación de moneda y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

Los exámenes de confianza que aplican las autoridades mexicanas a sus funcionarios no cuentan para las agencias de Estados Unidos.

Por otra parte, cuando las agencias estadunidenses quieren una captura o una incautación de alto impacto en México, las autoridades nacionales son informadas de los vínculos del presunto criminal, sus números telefónicos, los domicilios a los que acude, como ocurrió en el caso de Arturo Beltrán Leyva, abatido por elementos de la Secretaría de Marina el 15 de diciembre de 2009.

“Cuando les interesa una operación, los casos se arman en oficinas que se localizan en el edificio de Paseo de la Reforma 225. Las agencias de Estados Unidos ocupan dos pisos. Allí se intercambian expedientes con México y deciden qué hacer e incluso qué gobierno tiene más elementos para procesar el asunto de que se trate.

Antes de que se abrieran esas instalaciones, en la embajada estadunidense se acordó el caso de Zhenli Ye Gon. Las autoridades mexicanas pretendían obtener evidencia de los cuñetes de precursores químicos que manejaba el empresario de origen chino, porque los estadunidenses ya tenían las rutas, los puntos de arribo a México, sus operaciones y pidieron colaboración dando todos los datos para la captura, señalaron las fuentes.

Oficialmente, en Paseo de la Reforma 225 se localiza la Oficina Bilateral de Seguimiento a la Iniciativa Mérida, pero “en realidad es un centro donde se determinan operaciones importantes contra grupos del crimen organizado, más por iniciativa o investigación de los estadunidenses, que por actuaciones mexicanas. “Por Estados Unidos acuden representantes de la DEA, de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), del Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), el Servicio Secreto, los marshalls, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y de la Oficina Federal de Investigación (FBI) y agregados de Seguridad Nacional y del Departamento de Justicia.

En tanto, el gobierno mexicano envía a miembros de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda, así como de Seguridad Pública, Marina, Defensa Nacional, del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y, en el caso de la PGR, dependiendo de la importancia del caso, se presentan los titulares de la institución, el subprocurador de la Siedo y los encargados de las unidades especializadas de los temas a tratar, señalaron.

Cuando se trata de un operativo importante, los elementos de Estados Unidos “están presentes, participan en medio de los agentes mexicanos en las operaciones y cateos, donde no llevan armas y, para que no los reconozcan, no hablan y cubren sus rostros con pasamontañas y portan chalecos antibalas con siglas de alguna corporación mexicana o del Ministerio Público Federal.

“Tienen acceso inmediato a documentos y otras pruebas, y también toman fotografías del lugar para enviarlas a sus centros de operación –uno de ellos en Texas–, y realizan cruces de información que entregan a México o para que se encaucen las solicitudes de extradición.

No participan en los interrogatorios de los detenidos, porque todas las pruebas, declaraciones o información obtenida se les proporciona a través de los mecanismos formales, revelaron los entrevistados.

Asimismo, para tener colaboradores eficaces en los funcionarios mexicanos, las agencias estadunidenses donan tecnología. “Por las carencias, principalmente se ha beneficiado a las unidades de la SIEDO con equipos que van desde computadoras hasta escáneres, detectores de dinero falso, explosivos y red de aplicaciones diversas, y para su manejo se capacita al personal fuera de los recursos de la Iniciativa Mérida.

Si bien los agentes estadunidenses en México no suman más de 400, su fuerza radica en el gran número de informantes y funcionarios que también han cooptado en localidades como Ciudad Juárez, Acapulco, Culiacán y Mazatlán, Tijuana, Manzanillo y Monterrey, concluyeron los entrevistados.

Gustavo García Castillo
La Jornada


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