Wednesday, September 26, 2007

“Cínico, mentiroso, tarugo, liliputeño”

Fernando Damián y Mauricio Juárez
Milenio


Francisco Ramírez Acuña se convirtió ayer durante cuatro horas y media en el blanco fijo de las críticas opositoras al gobierno federal y, en su comparecencia ante la Cámara de Diputados, fue objeto de una andanada de adjetivos que pasaron del “cínico” y “mentiroso” al “tarugo” y “liliputeño” conforme transcurrió la sesión.

Ramírez Acuña fue señalado una y otra vez como responsable de las fallas en el sistema de seguridad nacional, del avance del crimen organizado, de la presunta desaparición de dos activistas del EPR, de las violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas armadas y hasta del “enriquecimiento ilícito” de la familia Fox.

Al presentarse por vez primera ante el pleno en el Palacio Legislativo de San Lázaro, el llamado “responsable de la política interna” generó tal expectación, que al comienzo logró un quórum de 426 diputados.

Pero el interés de los legisladores se desvaneció a la mitad de la comparecencia y, de ahí en adelante, no hubo más de 100 representantes en el salón de sesiones y apenas unos cuantos atentos a la exposición.

El vacío fue, paradójicamente, más notorio en la bancada del partido en el gobierno e incluso el coordinador panista, Héctor Larios, se ausentó de la plenaria por más de 45 minutos durante la sesión.

Congruente con la resolución perredista que ordena desconocer la legitimidad del gobierno de Felipe Calderón, la diputada presidenta Ruth Zavaleta concedió un trato frío, pero institucional, a Ramírez Acuña.

Sólo tres veces le llamó “secretario de Gobernación”, en contraste con las 52 ocasiones en que simplemente se dirigió a él como “licenciado” Francisco Ramírez Acuña.

Apenas transcurridos los primeros 20 minutos de la comparecencia, las mantas y cartulinas perredistas de protesta hicieron su aparición en la tribuna legislativa:

No a la militarización del país”; “469 días de conflicto en Oaxaca, ¿hasta cuándo?”; “Por ausencia en el trabajo, renuncia”, machacaba la silenciosa manifestación.

Después de la exposición inicial de Ramírez Acuña y de la primera intervención panista en voz de Diódoro Carrasco, la diputada Valentina Batres, del PRD, abrió fuego contra el secretario:

“Su cinismo no tiene límites… ¡no hay gobernación en este país”, arengaba la legisladora, y más tarde volvía la carga perredista, por conducto del diputado Francisco Javier Santos: “Hoy tenemos un secretario de Gobernación al que todavía le quedan grandes los zapatos chicos del señor (Carlos) Abascal; ¡Es liliputeña la actitud y el trabajo del secretario de Gobernación!”

Casi para cerrar la sesión, el también perredista, irritado ante la resistencia de Ramírez Acuña a responder las preguntas de su bancada, le exigió de plano la renuncia, no sin antes cuestionar: “¿No está enterado o se hace tarugo, señor secretario?”

Pero también la fracción del PRI dejó ir su artillería de descalificaciones contra el funcionario y, por conducto de César Camacho, deploró lo “incongruente, desconcertante y contradictorio” de la política federal en materia de seguridad.

Contra las apuestas, el titular de la Segob evitó las confrontaciones directas con la oposición y, visiblemente nervioso al principio, Ramírez Acuña salió incluso de San Lázaro con una discreta sonrisa y hasta un sonoro aplauso de los legisladores panistas que resistieron hasta el final.

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